Amiga

Para C y L 

Escúchenlo. Disfrútenlo. Compártanlo. Que bien que lo merece. El nuevo disco de Miguel Bosé Por vos muero ocupa casi todo el espectro de los adjetivos calificativos de mi obvia subjetividad. Sus historias fantásticas, contadas como siempre con esa maestría que lo caracteriza. El material es una caricia para los oídos y para la nostalgia.

Sobre todo, vale mucho la pena el comentar la nueva versión de “Amiga”. El universo entero se queda pequeño comparado con la belleza que encierra esta canción. Bosé convence con aquello de que acompañadas de su música no habrá ninguna noche oscura ni tampoco el frío tendrá necesidad de llenar los rincones del alma.

No sé en qué momento existencial el autor escribió esta canción -de las pocas que interpreta Bosé que no son de su autoría- pero se me antoja que la escribe después de haber vivido una relación con una mujer, en esa etapa difícil cuando terminas y te encuentras en esa fase de querer recobrar la amistad de esa persona de la que te enamoraste pero que ya no amas más o viceversa.

¿Por qué es tan difícil conservar la amistad después de tener una relación? ¿será asunto personal o será asunto general? ¿será que después de darle todo se te hace poco darle sólo la mitad? ¿será que hay que evolucionar? ¿será que después de hay que aprender a ser amigas y se confunden los lenguajes y todo idioma cobra un significado distinto? ¿será que antes de hay que plantear bien claras las cosas?

Lo que sea que sea, esa época duele mucho y varias relaciones mueren en el intento. Quizá no había nada de argumento y por eso no se podía escribir una historia fuera de la llama de la pasión que siempre se apaga, que es eterna mientras dura.

Un preludio coral melancólico nos da la bienvenida. La melodía nos transporta de inmediato al recuerdo de la primera versión, también maravillosa dentro de su contexto. La orquestación nos arrulla y una breve arpa grave nos conduce hasta la voz tristona e intensa de Bosé, como si fuera una lágrima cayendo por la mejilla de una persona que detrás de la ventana ve llover en la lejanía. Hasta puede sentirse el frío del momento.

Ahora que te busco y tú no estás recuerdo que sólo la tristeza quiere hablar conmigo ahora que la lluvia se ha llevado el último jirón de tu vestido, ahora que he olvidado lo que soy, recuerdo en el pasado lo que he sido. Todo ha terminado y comienzas el recuento de lo que pasó. Quieres aprender la lección o repartir culpas. Ese momento de recomponerte, de reconstruirte después de terminar, cuando olvidas lo que eres y recuerdas lo que has sido en el pasado. No comprendes nada y tienes mil preguntas en tu cabeza. Si alguna vez fuiste tan feliz, cómo es que estás tan triste ahora, cómo es que saldrás de ahí. Cómo es que se pudo acabar, cómo pudieron dejarte. Qué hiciste o qué te faltó hacer para que las cosas sucedieran tal como acontecieron.

Si he sido lo que fui fue por tu cuerpo si he sido noche fue tu noche quien lo quiso. Si he sido beso es que mis labios aprendieron a ser beso para ti. Si he sido lo que soy fue en tu regazo. Si he sido vida fue por darte a ti la vida. Y todas las noches de pasión regresan a la convocatoria de recuerdos gratos. Y te gana la envidia de saber que alguien más la tendrá en sus brazos, en su cama y si te pones espiritual hasta en su alma. Ya no es tuya, ya no eres de ella y ya no tiene importancia si aprendiste a ser beso tierno, a ser caricia apasionada para que ella lo disfrutara. Quizá también piensas en que nunca supiste disfrutarla o que nunca te entregaste a plenitud. Y algunas veces, puede verse con tristeza, también sucede que aquella mujer a cuya boca tu vagina le dio los mejores orgasmos ya ni siquiera puedes saludarle porque la relación terminó en muy malas condiciones. Le mostraste mucho más que tu desnudez y ahora ni siquiera de lejos se pueden ver.

Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy. Y quisieras ser amiga y la sola palabra suena tan dulce y tan sencilla, tal como dice Bosé, pero tan lejana e inasible cual horizonte al atardecer.

El tiempo no fue tiempo entre nosotros, estando juntos nos sentimos infinitos y el universo era pequeño comparado con lo que éramos tú y yo.  Así era. Tan familiares como la sombra. Hilvanadas en la piel. Así era. Reflejadas como espejo. Y ahora la distancia entre las dos es tanta que ni siquiera puedes atreverte a medirla en algún múltiplo de metro. No existe la medida exacta, aunque sepas que se trata de una actitud. Perdonar. Olvidar. Madurar. Aprender. Conciliar.

Si fuiste lo que fuiste fue en mi casa, que para ti fue tu palacio y tu guarida. Y esa casa que le abriste para vivir juntas, se queda tan vacía después de su partida. Y ese departamento muere después de hervir de vida. Sólo fracasa quien no lo intenta, te dices para reanimarte, mientras sacas del cesto la ropa sucia y tropiezas con sus calcetas preferidas, aquellas que le regalaste porque tenían impresa su caricatura favorita, las mismas que olvidó porque se fue de repente. Las lágrimas te ganan y te haces ovillo para llorar. Sola. Sola en la orilla de la lavandería.

Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy. Buscas una amiga para compartir tu tristeza, de la misma manera que compartiste tu alegría cuando la presentabas. Cuando caminabas de su brazo por la discoteca, orgullosa de haberla conquistado. Hoy te dejó y no sabes cómo afrontarlo.

No hay noche más oscura que esta noche y el frío se va depositando en los rincones del alma. Ahora que el silencio va borrando la suave vibración de tus palabras, ahora que no soy apenas nada, recuerdo lo que fui cuando no estabas. Aceptaste muy fácil que se enamorara de ti, pero no sabes qué hacer ahora que te ha dejado de querer. Repasas tus cualidades, pero a todas les ganan tus defectos. No eres capaz de hacer un balance objetivo. Te culpas. Buscas razones. Lloras. Te enojas. Maldices. Rompes cosas. Gritas. Y te recompones, porque al día siguiente hay que ir a trabajar. El mundo sigue su curso aunque para ti nada o casi nada tenga sentido.

Si he sido lo que fui fue por tu cuerpo si he sido noche fue tu noche quien lo quiso. Si he sido beso es que mis labios aprendieron a ser beso para ti. Si he sido lo que soy fue en tu regazo. Si he sido vida fue por darte a ti la vida. Te lastiman las escenas de amor.  Te recuerdan tu suerte y tu soledad. Sientes hasta vértigo de la inmensidad de tu cama.

Amiga. Amiga. Qué dulce esa palabra y qué sencilla esa palabra suena hoy. Poco a poco se va diluyendo el dolor. Y si era sólida la cimentación vives el duelo sanamente y te reincorporas al momento emocional de la otra persona, para acompañarla en su crecimiento. Aprendes o reaprendes a ser su amiga y juntas se reencuentran en una definición plena y femenina de la amistad.

Cuando las canciones traspasan la partitura y se convierten en escenario de vida, es enriquecedor convivir con los personajes. Eso me sucede ahora con “Amiga”; me encanta compartir momentos con ellas dos. No sé en qué momento se dejaron, ni porqué. No sé tampoco cómo se reencontraron. No es mi asunto. Y aunque me muera de curiosidad, por el respeto que se han ganado, no preguntaré. Quien las ve, puede asumir que existe un lazo entre las dos. Cualquiera puede decir que siguen siendo pareja, pero no es así. Han trascendido a un lazo de amor filian indestructible. 

Trabajan juntas, conviven a diario. Se aconsejan, se regañan, se procuran. Supongo que también discuten pero tienen su integridad de por medio para ser discretas en sus diferencias. Las admiro y las quiero por todo lo que representan.

Convivir con ellas es toda una experiencia de aprendizaje. Son la tácita esencia de que sí se puede ser pareja y terminar siendo amigas, por eso valen tanto la pena. Por eso son para ellas estas letras.

Amiga

Qué dulce esa palabra

y qué sencilla esa palabra

suena hoy…

Lorena Sanmillán; Diciembre de 2004

Published in: on julio 31, 2007 at 6:41 pm  Dejar un comentario  

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