Desde Monterrey para ti, Madrid

 En el 11M

Aunque me recibiste de mala gana, fuiste mi puerta de acceso a Europa. Ahí estaba, con los ojos arrasados por una meta alcanzada, caminando por tu territorio sin alfombra roja en Barajas. No importaba, tú no me habías invitado.  Decidí visitarte de improviso y, la mar de educado, cumpliste tu papel de anfitrión a la fuerza. Plaza Colón fue lo segundo que me ofreciste. México y España unidos de forma irremediable por su compartida historia.

Junto a ti me emocioné al ver mi bandera en la Embajada. Cantamos miles de canciones en tus calles y plazas mientras caminaba. Tuviste atardeceres gloriosos, amaneceres intensos, tardes quietas y noches de luna hermosísimas. Todo lo vi y lo viví desde mi balcón en Lavapiés.

Cómo te quiero Cómo te quise. Cuánto me dolió despedirme de ti. Fuiste un beso apresurado y atrevido en el aeropuerto, el cine viendo Las Horas, llamadas de larga distancia desde la Plaza Callao, la sensualidad de Sara Baras en el teatro Calderón, la magnética presencia y el lirismo de Miguel Bosé en las Ventas, la guitarra de Paco de Lucía, la música de Joaquín Rodrigo, la poesía de Joaquín Sabina, las arengas de Antonio Flores, la vitalidad de Miguel Ríos, la pasión de la  Niña Pastori, las baladas de Camilo Sesto, el romance de Perales, las metáforas de Mecano, las historias de Serrat, la voz dulce de Ana Belén, la propuesta de los Presuntos Implicados. Fuiste Kiss FM, escuchándola por todos lados.

Fuiste Carlitos narrándome su vida en Cuéntame cómo pasó, la fiesta de la Virgen de la Paloma, un tablao flamenco en la plaza Mayor. Fuiste el oso y el madroño sonriendo ante el Tío Pepe de Puerta del Sol, la Marcha de No a la Guerra y la espera de una primavera. Fuiste la euforia por descubrir una carta en mi buzón.

Fuiste un libro de la Casa del Libro, un disco de FNAC, una mascada del Corte Inglés, una bufanda del Realmadrid, una blusa de Zara, unos churros de Ginéz, un café del Zahara, un bocadillo de jamón serrano, unas patatas alioli, unos calamares empanizados, una merluza a la romana, una fresca ensalada, una caña de Mahou, una bota de vino tinto, un arroz con leche castigadito con anís, un jerez a media tarde, unas violetas imperiales. Una paella bien hecha. Fuiste paragüayos, yogurt griego y galletas Digestives. Fuiste hasta los premios por los puntos acumulados en el Champion. Fuiste muchas cosas, pero sobre todo siempre fuiste tú.

Caprichoso, vanidoso, arrogante. Humilde, soberbio, impresionante. Famoso, desconocido, impactante. Genuino, repetitivo, entrañable. Predecible, distinto, desconcertante. Rítmico, monótono, elegante. Pequeño, grande, gigante. Ordinario, cotidiano, deslumbrante. Cosmopolita, tradicionalista, cambiante. Mío, nuestro, de todos. De nadie.

Supiste consentir todos mis sentidos. Siempre me asombraste. Cuando quise escribir, dispusiste para mí, la pluma fuente, el papel impreso, los sobres y el lacre. Cuando quise leer, dejaste los libros regados en la calle, permitiendo que leyera tu historia al caminarte. Cuando quise cantar, me diste pájaros para acompañarme. Cuando quise caminar, ponías la sombra para escoltarme. Cuando necesitaba silencio, por mí, acallaste. Posaste sin saber o sabiéndolo, en todas las formas que me dejaste retratarte. Siempre de puertas abiertas, como la de Alcalá, la del Sol y la de Toledo. Todo tú espléndido.

Me entregaste el arte del Prado, la calma del Retiro, el entusiasmo del Bernabeu, el misticismo de Aranjuez, el glamour de la Gran Vía, la majestuosidad del Palacio Real, la armonía de los jardines de Sabatini, la algarabía del Rastro, la distinción de los almacenes de Goya, la autoridad del Palacio de La Moncloa, la delicada tersura de la Catedral de la Almudena, el encanto del Templo de los Jerónimos, la sabiduría de la Real Academia de la Lengua Española, la juventud de la Universidad Complutense. Fuiste el escenario de la comida con Vicente.  El Barrendero me saludaba de muy buen humor cuando pasaba por su plaza rumbo a Puerta del Sol. Me compartiste la Cibeles cuando así lo decidiste, celoso, porque esa mujer es legítima y exclusivamente tuya.

También me permitiste conocer Atocha, quien como una madre, femenina, imponente y generosa,  abre sus brazos para recibirte y despedirte cuando tú quieras. Ella está ahí para tus viajes, para tus ansias. Ahí te espera, te guía, te lleva. Te alimenta con sus panes recién hechos y su café, con los bocadillos, con los napolitanos de chocolate y con el colacao. Te reconforta con una cerveza en un día soleado después de una jornada de trabajo. Te recuerda la magia de escribir al vender estampillas y postales en los estancos.

Hoy atentaron contra ti, contra ella, contra esa madre férrea y tierna que reside ahí. El punto de encuentro, el punto de llegada y partida. Cuántos abrazos tiene en su historia. Cuántas lágrimas por los encuentros, por las despedidas. Cuántas decisiones se toman en sus pasillos. Me quedo, me voy. De noche, de mañana o al mediodía. Cuántas ilusiones al comprar boleto. Cuántos planes detrás de un reencuentro.

Tengo todos los recuerdos de un Madrid íntegro sin clasificar en mi memoria. Y hoy, te veo herido y sangrante y no sé cómo curarte, no sé qué decirte, no sé cómo abrazarte. No tengo la menor idea de cómo consolarte. Ni siquiera tengo lágrimas para expresarte mi dolor. Estoy desolada, herida, desconcertada. Me refugio en mis letras, en mi sentir, en mi esperanza. Me dueles ahora lo mismo que me alegraste.

Yo te vi entero, Madrid. Yo te vi, Atocha, fascinante.  Yo te conocí, dominante. Sé que esto no te destruirá, que te veré renacer y que ahí estarás de nuevo, entera, completa y maravillosa cuando te vuelva a ver.

Huele a tierra mojada, a nostalgia, a tristeza. En mi ciudad está lloviendo. Eso dicen, eso parece. Yo te digo que no, Madrid; lo que en realidad pasa es que mi ciudad es solidaria contigo y con todo el pueblo español. Monterrey llueve intermitente y te acompaña así, llorando a tu lado para intentar diluir tu inmenso dolor.

Lorena Sanmillán; Marzo 11 2004

Published in: on agosto 1, 2007 at 7:51 am  Dejar un comentario  

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