¿Te diré aquí tienes los cuentos que escribí?

A las cuatro de la mañana, revisé elnorte.com. Llega Miguel Bosé a Monterrey. Mi grito se escuchó hasta la Puerta del Sol de Madrid. Más de veinte años y once meses esperándolo y me perdí el recibirlo en el aeropuerto. Más de viente años y once meses contando los días y en la televisión confirmaron la noticia. Mi corazón quedó herido de guerra. El ceño fruncido. La úlcera en el estómago. Pero el sujeto ya estaba en mi ciudad y yo quería entregarle en su mano mis cuentos y decirle aquello de tan bello es caer a tus pies.

Había pasado una noche inolvidable e intensa leyendo, escribiendo. Derrotando a la distancia y los imposibles con un alud de kilobytes enviados por medio de un enter. Grace recomendó dormir. Necesitaba hacer unas llamadas sobre mi trabajo, cuestiones de unos planos y concertar citas. Hablo a la imprenta a ver si ya están los libretos. Aún no llega el tipo que me los imprimirá. Ya que logré resolver esos pendientes, me dispuse a dormir.

Me recuesto en la cama. Suena el teléfono. ¿Ya viste que llegó Bosé? Alcohol en la herida abierta. Sí. ¿No estás de humor? No. Bye. Bye. Teléfono de nuevo. ¡Ya llegó Bosé! ¿Lo viste? No. ¡Pendeja! Pues no, no fui. Oh. Teléfono insiste. ¿Tienes con qué anotar? Hotel Equisequis. ¡No mames, ese está muy chafa! Pues sí, pero ahí está, me lo dijo una buena fuente. Pues sí, puede ser. Investiga. Investigaré. Llamo al Hotel, por supuesto, no me pelan.

Llamo a la imprenta de nuevo. No, pues se los tenemos hasta pasado mediodía. Llámenos a las dos. Ok. Teléfono. Córrele, está en el Quinta Real. Sí, pero aún no tengo los libretos. Otra llamada. Lánzate, está en el Presidente Intercontinental. Pero no tengo aún los libretos. ¿Qué no los pediste antes? Sí, desde el miércoles, para el sábado, pero hoy es martes y aún no los tienen. Uh. Uh.

Marisa me recomienda que llame a Estaparte y que les diga de qué se trata. Llamo a Estaparte. No, no te puedo decir nada. Mira, es que yo soy escritora y sólo necesito un minuto con él para entregarle unos escritos que le he hecho. No sabes cuánto tiempo lo he esperado. Sólo necesito un minuto con él para dárselos en la mano y decirle que lo he hecho para mí y para él y que los reciba y que si tiene tiempo los lea. Eso es lo que necesito o si me dijeras quién lo podrá ver de cerca que me haga favor de entregárselos. La recepcionista se conmueve. Ok. Mira, no puedo hacer gran cosa por ti, lo único que puedo decirte es que le llames a Fulana, pero no le digas quién te dio su teléfono. Ok.

Llamo a Fulana, diez minutos en el celular, mi cartera empequeñeciendo en cada intento. Mira, al ARTISTA no se le puede molestar con esas cosas. Él viene a sus conciertos, no tiene tiempo para esos asuntos. Si gustas, envíale tus textos a su página web o a la disquera. Ya se los mandé. Todos los lunes le envío un cuento nuevo y todos los días la dirección de mi blog a su página web. Bueno, entonces espera a que te contesten. Yo no puedo hacer nada por ti. Podrías ser amable. Eso lo pensé pero no lo dije. Mi política fue no pelear con nadie. Cuesta, pero vale.

Marcela Boseída informa. Viene a un evento a beneficio mañana. Conferencia de prensa en Talhotel. Eso me da la idea de llamar a la fundación que lo trae. No hay alguien que pueda ayudarme. Me piden que llame 13:30 para hablar con la doctora encargada del evento.

Como ya había agarrado vuelo. Llamo a la Fundación CIE a México. Ahí me informan que los encargados del evento son los de Otraparte. Me enlazan a Otraparte. Repito mi letanía. Entonces se me ocurre dictarle el link de mi página. La persona lo ve. Oye, está muy padre lo que has hecho, mira, llámale a Estapersona.

Consigo hablar con la secretaria de Estapersona. Me deja en espera quince minutos. Durante la espera, en el msn un mensajito Córrele a Talparte o se te pela. La secretaria se cansa. Dice que le de mi teléfono y que ella me llama. Esperé sentada un rato. Estupefacta como una intrépida libélula viéndome en el espejo toda incrédula. La mañana se ha escurrido de mis manos entre llamadas de teléfono y noticias. En fin, es sólo un día el que paralizo mi vida. Sólo un día.

Tomo un baño. El agua me tranquiliza. Una pera, un durazno y una manzana inauguran mi garganta. El café me sabe a agua de tanta adrenalina. Dos tazas no consiguen ponerme a tono. Subo de nuevo al estudio. Sigo con las llamadas.

El honor existe. La secretaria me devuelve la llamada. Me indica a dónde me dirija para dejar mis textos. Alguien se lo entregará. Por lo menos consigo eso como cierto. Llamo a Ladoctora. El círculo se cierra, pues me remite a la misma Otraparte. Concluyen mis negociaciones.

Grace y yo comemos juntas. ¿No te dormiste? No. ¿Y qué vas a hacer? Llamar a la imprenta. ¿Y luego? Ir a dejar el texto a donde me dijeron, pero primero voy a hacer el contacto, a ver si es posible el asunto del encuentro.

Voy al centro. Hago unas vueltas. Observo catálogos de luminarias para exteriores, pues lo necesito para un proyecto. Regreso a casa. Aún no están los libretos. Decido dar por concluida la Operación Tan bello es caer a tus pies. Duermo. Duermo de una pieza hasta que suena el timbre de la casa con las hojas impresas. No tuvieron opalina, se irán en papel bond. Renuncio a salir a engargolarlos. Mañana será otro día. El día B. Como vivo cerca del aeropuerto, me escuece un poco pensar que por aquí pasará y no lo veré. Marisa llama más noche. Hasta propone rentar una habitación en el hotel para que me dejen pasar y lo pueda interceptar.

Aunque el dice Tirar p’adelante, hasta que el corazón aguante, yo ya no puedo más. ¿Realmente será tan bello caer a sus pies? No lo sé. Lo que sí sé, es que lo mejor de este día ha sido tener amigos tan solidarios, tan enterados y tan dispuestos a ser parte de esta locura.

LSM; Octubre 16 de2007

Published in: on octubre 22, 2007 at 5:33 pm  Dejar un comentario  

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